La medida de la fe y la medida de Cristo

La medida de la fe y la medida de Cristo
"... a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13).
---El Señor no nos dio el Espíritu por medida (Jn. 3:34); todos nosotros recibimos de su plenitud, y gracia sobre gracia (Jn. 1:16). Cristo en nosotros habita con toda la plenitud de la Deidad (Col:2.9), con todo poder en el cielo y en la tierra (Mt. 28:18). El Espíritu que habita en nosotros (1ª Cor. 3.16) no es una parte, no es una fracción de Dios, sino el propio Dios en su divinidad. 'Yo y el Padre vendremos a vosotros y haremos morada en vosotros', nos dice Jesús (Jn. 14:23).
---El Espíritu no nos es dado por medida, pero la fe sí. No recibimos la fe en su totalidad, sino una medida que fue repartida a cada creyente. El Señor hizo así para que no tengamos un más alto concepto del que conviene, sino que pensemos sobriamente (Rom. 12.3). No nos dio la fe en su totalidad para que no nos envanezcamos y digamos que podemos vivir solos; repartió a cada uno para que lleguemos juntos, con todos los santos, a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios (Ef. 4:13).
---La medida de cada uno de nosotros es que Cristo vive en nosotros. Si no tuviésemos esta fe, estaríamos reprobados (2ª Corintios 13:5). Esta es nuestra medida, pero la medida del Señor es mucho mayor. En Efesios 3:17-19, el Señor nos enseña sobre dos medidas: la medida de la fe de cada uno de nosotros y la medida de Cristo. Cristo viviendo por la fe en nuestros corazones y Cristo en todos los santos.
---Ésta es la medida de la fe de cada cristiano verdadero: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas 2:20).
---La medida de Cristo no cabe en cada uno de nosotros, sino solamente en todos los santos. Esta es la plenitud de Dios. Si llegamos a la medida de la fe personal -esto es, Cristo vive en mí- ahora el Señor quiere que lleguemos a conocer la plenitud de Dios con todos los santos. No sólo esta fe estrecha, en mí, sino ahora también con todos mis hermanos poder comprender cuál es la grandeza de Cristo, para que seamos llenos de su plenitud.
---De una medida a la plenitud. De Cristo viviendo en mí, y una vida en mi cuerpo por la fe, a la unidad de la fe, al pleno conocimiento del Hijo de Dios, con todos los santos. Es una medida mucho mayor que nuestro conocimiento tan restringido. Es tan grande que no cabe en nuestros pensamientos ni en nuestras oraciones; es un poder que actúa en nosotros.
---Cuando comprendemos esto vemos que la medida de cada uno de los hermanos es muy importante. Unos más, otros menos, pero con todos los santos vamos conociendo su anchura, su longitud, su altura y su profundidad. Y todo esto sólo es posible si estamos arraigados y fundados en amor; en caso contrario, sólo conoceremos nuestra medida.
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