PERDÓN Y PERDONAR

La base de los conflictos que los cristianos pueden llegar a padecer entre sí, tiene un común denominador muy corriente: LA FALTA DE PERDONAR Y LA FALTA DE PEDIR PERDÓN.
Esa es la gran ventaja que el diablo tiene con nosotros: cuando somos llevados por el dolor que sentimos por la ofensa recibida, y lo ponemos por encima del valor del perdón que emana de la Cruz de Cristo. Esto tiene que cambiar.
Cuando el valor del dolor recibido lo hacemos mayor que el valor del perdón de la Cruz, entonces infravaloramos la obra de Cristo en realidad.
No depende de que el otro haga su parte, sino de que yo haga la mía. Esa parte es perdonar toda ofensa recibida.
1. ¿Qué es e implica el perdonar?
El perdonar es gran expresión del verdadero amor, ya que es contrario al impulso justiciero de la carne, de la emotividad herida y alterada, y por supuesto al rencor.
Por eso, el perdonar es una renuncia al yo (ego) herido. El perdonar es parte del morir a uno mismo ampliamente expresado en el Nuevo Testamento. El ejemplo lo tenemos en el mismo Jesús que se entregó a sí mismo por amor de cada uno de sus ofensores. Además, él lo hizo literalmente: murió por nosotros.
2. Acerca del perdonar
Señal de madurez
El perdonar es sinónimo de madurez espiritual. Sólo el que verdaderamente ama es verdaderamente maduro. Sólo el que verdaderamente perdona es verdaderamente maduro.
¿Cuánto tiempo tardamos en perdonar a nuestro ofensor? Eso indicará cuán maduros en el amor de Dios somos realmente.El perdonar es un acto de nuestra voluntad. Así como decidimos amar a los demás, no importa cuán difícil sea con algunos, con o sin emociones, así decidimos perdonar, no importa cuán dolorosa haya sido la ofensa. La gracia de Dios fluye copiosa entonces sobre nosotros para llevar a cabo ese acto de amor, que es el perdonar.
El perdonar y la fe
El perdonar es un paso muy valiente de fe, ya que es sólo por la fe que ponemos en las manos de Dios toda esperanza de vindicación, deshaciéndonos de toda esperanza de salirnos con la nuestra, buscando el realizar una justicia a modo propio.
Las ataduras del no perdonar
Hay demasiados cristianos atados por falta de perdonar. No hay crecimiento espiritual en sus vidas, y en cierta medida, vienen a ser esclavos del diablo. Pero, el perdonar libera; rompe las ataduras espirituales con las que el diablo ataba a aquellos que previamente no habían perdonado, pero que finalmente lo han hecho.El perdonar es obrar en el espíritu contrario al del diablo (el diablo ni es perdonado, ni puede perdonar). El perdonar es vencer con el bien el mal (Ro. 12: 20). El perdón vence en el mundo espiritual. El diablo fue vencido por la cruz, porque ésta expresó y expresa el perdón de Dios hacia los hombres.
Perdonar es andar en luz
Andar en luz, es andar como Él anduvo, en este caso, perdonando a los hermanos cuando nos ofenden. Sólo así podemos tener comunión verdadera (es decir, con y por motivos puros) con los demás, y consecuentemente, la sangre de Cristo nos limpia de de todo pecado.
Si no perdonamos, no podemos desarrollar el tipo de comunión que Dios quiere que tengamos unos con otros, ni con Dios. La falta de perdón genuino nos ata, y apaga nuestra fe.
El deber de perdonar
El perdonar es un deber y un ejercicio cristiano, sin lugar a dudas No podemos demandar que los que nos rodean sean perfectos hacia nosotros. ¿Acaso lo somos nosotros hacia Dios, o hacia ellos? No podemos demandar de los demás, lo que nosotros tampoco hacemos. Ni siquiera Dios lo hace, aun y teniendo ese derecho, por ser Él el perfecto. El siempre perdona al que le busca y le pide perdón (Jn. 6: 37)
3. El pedir perdón
Es necesario pedir perdón cuando hemos obrado inadecuadamente. De hecho es una obligación como cristianos. Si no lo hacemos, estamos estorbando el mover del Espíritu Santo, y como consecuencia y entre otras cosas, la posibilidad de reconciliación/restauración de la relación.
4. La reconciliación total
Como cristianos, ¿cómo podemos conseguir que una relación rota entre hermanos pueda recomponerse hasta el punto de que la confianza mutua vuelva a surgir? ¿Podrá ser esto siempre posible? Nótese que decimos entre hermanos en la fe.
Así pues, no es suficiente con perdonar, cuando es menester, hay que PEDIR PERDÓN, y ser muy específicos; sólo de esta manera podemos enfilar hacia una verdadera RECONCILIACIÓN. Esa es la voluntad de Dios.
El ejemplo supremo lo tenemos entre Dios y el hombre. Aunque Dios ha establecido Su perdón en Cristo, el hombre no puede recibir el efectivo perdón de Dios, si no se arrepiente de sus pecados (que son ofensa a Dios), y pide perdón por los mismos. Si lo hace de todo corazón, entonces llega la reconciliación entre Dios y el hombre.
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